¿Se atreverá Trump a invadir por tierra el sur de Irán?
Transcurrió más de una semana desde el reavivamiento de la agresión estadounidense contra Irán, después de que Washington se escudara en lo que consideró un supuesto ataque iraní contra buques que intentaron transitar el estrecho de Ormuz sin acatar las instrucciones de Teherán, para lanzar una serie de bombardeos aéreos que prosiguen hasta la fecha de redacción del presente artículo, en paralelo con las amenazas del presidente estadounidense Donald Trump de que la segunda semana de enfrentamientos contemplaría una campaña estadounidense sin precedentes contra Irán.
Ello llevó a numerosos observadores a conjeturar que Trump podría recurrir a una operación terrestre limitada en el sur de Irán, con el propósito de asegurar su dominio absoluto sobre el estrecho de Ormuz.
De materializarse tal eventualidad, ello representaría un cambio cualitativo en el conflicto, y elevaría el nivel de confrontación a nuevas dimensiones, máxime cuando, a pesar de la inmensa capacidad militar de la que dispone Estados Unidos, la naturaleza del escenario en el sur de Irán y la orografía del país mismo harían de este desarrollo un panorama sumamente complejo.
Probabilidades de una operación terrestre
En caso de que Estados Unidos optara por una operación terrestre, lo más probable es que esta no abarcara una invasión integral de Irán, particularmente en vista de las cifras que mencionan 50 mil soldados preparados por Washington para tal eventualidad.
Resulta poco verosímil que dicha cifra de tropas pueda desplegarse desde las costas meridionales estrechas de Irán, adentrarse en sus regiones montañosas a través de la cordillera de Zagros en dirección a Teherán, y desde allí extenderse para someter el conjunto del país.
Y lo que dificulta aún más semejante hipótesis es la naturaleza de la cordillera de Zagros, que se extiende paralelamente a vastas zonas de Irán, del sureste al noroeste, con altitudes que oscilan entre los dos mil y los tres mil metros.
En consecuencia, no sería sencillo para una fuerza de 50 mil soldados transitar desde las costas estrechas hasta las cumbres elevadas de relieve tan abrupto, aun contando con superioridad aérea.
De ahí que, si Donald Trump optara por una contienda terrestre, ello podría limitarse, al menos inicialmente, a asegurar el control de un enclave estratégico en la costa, desde el cual alterar los equilibrios y mejorar las condiciones de negociación con Irán.
Mas incluso de recurrir Trump a semejante opción, ello habría colocado a sus tropas al alcance del fuego iraní desde las montañas próximas a la costa, convirtiendo ese punto de supremacía en un punto de vulnerabilidad, que se transformaría en un activo estratégico que fortalecería la posición negociadora de Teherán, en lugar de reforzar la de Washington.
Y si retomamos la geografía de Irán, a primera vista las costas meridionales podrían parecer propicias para operaciones de infiltración terrestre por parte de las fuerzas invasoras estadounidenses, especialmente dada la superioridad aérea y naval de que gozan, lo cual podría facilitar desembarcos de envergadura en las zonas litorales.
No obstante, ello no necesariamente conduciría a una resolución estratégica de la contienda. Irán es un país de vasta extensión, cuya superficie alcanza aproximadamente mil 648 millones de kilómetros cuadrados, e incluye la cordillera de Zagros, que se extiende por una extensa porción del territorio, además de la cordillera de Elburz, que discurre de oeste a este separando la meseta iraní de Asia Central, sin olvidar la multitud de montañas y valles que dificultan la maniobra de fuerzas invasoras en una orografía tan compleja como la iraní.
En virtud de lo anterior, cualquier fuerza terrestre desembarcada en las zonas litorales se encontraría ante dos opciones, ambas funestas: o bien permanecer en la zona costera bajo su control, lo cual la convertiría en presa fácil de los misiles y vehículos aéreos no tripulados iraníes, transformando a las tropas invasoras en rehenes de Irán; o bien intentar dotar de profundidad a la franja litoral ocupada mediante un avance hacia el interior iraní.
Y en este escenario, Irán podría aprovechar la circunstancia para decretar la movilización general, colocando a las fuerzas estadounidenses ante un verdadero dilema.
A diferencia de Iraq, que fue invadido con relativa facilidad en 2003 por fuerzas estadounidenses compuestas por unos 160 mil soldados, Irán no se halla en estado de debilitamiento como lo estaba el régimen iraquí.
Y a diferencia de la situación militar de Iraq, Irán dispone de sistemas de armamento sofisticados y eficaces, además de una orografía compleja y no de llanuras abiertas como las de Iraq, sumado a su masa demográfica considerable, pues la población iraní supera los 92 millones de habitantes.
La situación del estrecho de Ormuz
Para comprender cualquier operación militar estadounidense, debemos remitirnos al núcleo de dicha operación: el aseguramiento del estrecho de Ormuz.
Este estrecho constituye uno de los "cuellos de botella" geopolíticos más relevantes de la economía mundial, pues cualquier potencia que lo domine puede ejercer, en gran medida, control sobre la seguridad energética global, mediante la regulación del tránsito de petroleros y buques gaseros, habida cuenta de que aproximadamente el 20 por ciento del petróleo mundial transita por esta vía.
Por consiguiente, el objetivo estratégico previsible de cualquier operación militar estadounidense reside en asegurar la hegemonía sobre el estrecho de Ormuz, e impedir que Irán desafíe la supremacía estadounidense sobre el mismo.
El problema radica, empero, en que la ribera septentrional del estrecho es territorio iraní, mientras que la ribera meridional pertenece al Sultanato de Omán, y su anchura en el punto más estrecho alcanza unos 39 kilómetros. En cuanto a la navegación, esta se desarrolla por dos corredores, cada uno de dos millas náuticas de anchura, separados por una zona de exclusión de dos millas náuticas.
De ahí que, incluso de lograr Estados Unidos un desembarco terrestre en las costas meridionales de Irán, los misiles, los vehículos aéreos no tripulados y las embarcaciones iraníes seguirían pudiendo atacar estos estrechos corredores marítimos y paralizarlos, frustrando el objetivo que Washington persigue con la campaña terrestre proyectada.
Y de ahí que el desafío estadounidense no consista únicamente en el éxito del desembarco terrestre, cuya dificultad ya hemos expuesto, sino también en garantizar la consecución del objetivo estratégico consistente en el dominio absoluto del estrecho de Ormuz, lo cual resulta arduo, si no imposible, en virtud de lo anteriormente expuesto.
Y ello, por sí solo, podría arrastrar a Estados Unidos hacia una guerra de desgaste prolongada, en la cual sus fuerzas se convertirían en blancos fijos de fácil caza, tal como ocurrió hace más de un siglo durante la Primera Guerra Mundial en la región de Galípoli, en Turquía, cuando el desembarco anfibio británico se convirtió en la mayor catástrofe que sufrió el Imperio Británico, catástrofe que provocó la caída del entonces ministro de Marina, Winston Churchill.
Conclusiones
En virtud de lo expuesto, Estados Unidos se enfrenta a un dilema auténtico de optar por una campaña terrestre. Se hallaría ante una alternativa sumamente difícil y onerosa: avanzar hacia Teherán y derrocar el régimen, lo cual resulta prácticamente inviable dadas las capacidades de que dispone la República Islámica.
Y de optar Washington por asegurar una zona litoral en el sur de Irán, ello la convertiría en un blanco accesible para las fuerzas iraníes, versadas en las artes de la guerra asimétrica, capaces de atacar las bases estadounidenses y golpear sus líneas de suministro mediante el empleo de misiles y vehículos aéreos no tripulados, además de lanzar asaltos contra buques e instalaciones navales.
Asimismo, el conflicto podría expandirse en el ámbito regional, abarcando el cierre del estrecho Bab El Mandeb y el corte de las líneas de internet internacionales, precipitando una crisis económica mundial, tanto en el ámbito de los suministros energéticos como en el de la economía digital.
Resta aguardar qué decisión tomará Donald Trump.
Fuente: Al Mayadeen